Cada año, el show de medio tiempo del Super Bowl genera curiosidad no solo por sus espectáculos, sino también por las condiciones bajo las que se presentan los artistas. Aunque parezca sorprendente, ni Bad Bunny ni ningún cantante cobra por participar en este evento de alcance mundial.
La razón principal es la enorme exposición mediática que ofrece el Super Bowl, considerado uno de los escaparates más grandes del entretenimiento global. Presentarse ante millones de espectadores se traduce en un aumento inmediato en la popularidad del artista y en el consumo de su música en plataformas digitales.
Un ejemplo claro ocurrió el año pasado, cuando las reproducciones de Kendrick Lamar en Spotify aumentaron un 175% solo en Estados Unidos tras su participación. Este impacto comercial explica por qué, para muchos artistas, el escenario del Super Bowl representa una inversión estratégica más que una presentación remunerada.

